La gran ola de Kanagawa, creada por Katsushika Hokusai alrededor de 1830, no es solo una estampa japonesa; es probablemente la obra de arte asiática más reconocida en el mundo. Su importancia radica en una combinación única de innovación técnica, simbolismo profundo y un impacto histórico que cambió el rumbo del arte occidental.
La influencia de la estampa japonesa en los impresionistas fue tan profunda que se acuñó un término específico para ella: Japonismo. A mediados del siglo XIX, cuando Japón abrió sus puertos, miles de grabados ukiyo-e llegaron a Europa (curiosamente, a veces como papel de envolver para porcelana), y los artistas parisinos, que estaban cansados de las rígidas reglas académicas, los vieron como una revelación.