El Leviatán es una de las criaturas más fascinantes y aterradoras de la Biblia. Se describe principalmente en el Antiguo Testamento como un monstruo marino colosal que simboliza el caos y el poder indomable de la naturaleza, el cual solo puede ser controlado por Dios.
Su cuerpo está cubierto de hileras de escamas tan apretadas que ni el aire pasa entre ellas; las armas humanas (espadas, lanzas, flechas) rebotan en su piel.
Sus ojos brillan como el sol, de su boca salen llamas y de su nariz sale humo como de una olla hirviendo.
Su corazón es duro como la piedra y hace que el mar "hierva" cuando se mueve. Es llamado el "rey sobre todos los soberbios".
Para las culturas antiguas, el mar era el elemento más desconocido y peligroso; representaba lo que el hombre no podía controlar. Crear un monstruo como el Leviatán era una forma de ponerle rostro al miedo, y el hecho de que su dios lo derrotara servía para asegurarles que, a pesar de las tormentas y naufragios, el universo tenía un orden superior.